
Chachahuate, 17 de Marzo de 2008
Historias de un lugar en el que nunca pasa nada, un lugar en el que los ires y venires de la vida son la misma en sí misma.
Nadie más que ellos.
Y esta vida se construye a base de momentos que se repiten día tras día, rutinas mil veces vividas, sólo interrumpidas por los gritos de los niños, los barcos cargados de turistas, las olas del mar y algún inapreciable chapoteo de alguna mujer que cambie el curso del a brisa del corazón de otro garífuna.
Ante esta imagen, cómo me pesa ser superficial en ciertas cosas; ver por inercia, costumbre y cultura aquello que quiero ver. Sólo lo bonito. Profundizar en los momentos desde mi punto de vista.
Me gustaría ser negra, garífuna, anchas caderas, generosos brazos que giran el arroz y destripan peces, caderas cansadas de albergar niños y sobre mi ancho cuello, soportaría una redonda cabeza madre de preocupaciones e ideas que, estas sí, no alcanzo a imaginar.
¿Qué preocupaciones afloran en la cabeza de una mujer está marcada por los ciclos?
El ciclo del sol y la luna, los ciclos menstruales que dan ritmo a su fertilidad, y el más importante, el ciclo de la vida: nacer, crecer, reproducirse, morir.
¿Por qué en occidente el trabajo dependiente se convierte poco a poco en otra fase vital y llega incluso a reemplazar a la reproducción?
'La vida es taaaan compleja', pero aquí pienso que la complejidad es laprima lejana de la tragedia y es una costumbre malditamente adquirida y estúpidamente aceptada.
Me gustaría ser tan simple y hermosa como las estampas que tengo frente a mi.
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