viernes, 18 de abril de 2008

No hay frontera entre melancolía y tristeza,
la melancolía es fruto de la vida que pasa y te deja tareas pendientes,
qué mayor te has hecho derepente, y cuántas cosas se te han quedado por decir a los que quieres
y cómo cuesta decirlas, son roles adquiridos.
Cómo cuesta alejarte de tu vida en pos de ella misma,
qué cuesta arriba se me hace a veces la soledad parcial de vivir lejos.
Las decisiones firmes tienen la vuelta atrás que es seguir para delante,
buscar una vida plena depende de cada uno, pero el peso de la mente es mucho
y cuando realmente te das cuenta de que el tiempo ha pasado,
que soy joven, sí, tal vez demasiado joven para esta vida,
pero ya soy demasiado vieja para jugar al baloncesto o montarme en una barquichuela,
es en ese momento cuando realmente deseas que te crezca bigote y decrezcan las caderas,
volver a ser una adolescente acneica llena de dilemas mentales de esos que se pueden esconder debajo de la almohada.

1 comentario:

Jara Quijada dijo...

he tenido ganas de comentar todas tus entradas nuevas, pero lo dejare aparcado... no se que decir, solo que te echo de menos cuando pienso en la gran masa de agua salada que nos separa... te quiero pequeña, mucho.